EL HOTEL MAS PEQUEÑO DEL MUNDO.PACO NADAL

Publicado: 12 noviembre, 2009 en Viajes
Paco-nadal10 Nov 2009URL Permanente

El hotel más pequeño del mundo

En un extremo de la isla de El Hierro , en el municipio de Frontera, se alzan unos cantiles afilados que parecen rasgar el cielo. Son
los riscos de la Fuga de Gorreta, una de las mayores verticales
volcánicas de una isla en donde abunda más el plano inclinado que el
horizontal.
Por increíble que parezca, los pastores herreños
se movían por estos abismos con la misma soltura con que la el resto de
los mortales lo hacemos por un paseo enlosado. Se ayudaban con el “palo”, una pértiga de madera con la que se apoyaban, saltaban y vadeaban abismos con la soltura de un trapecista.

En 1974, uno de estos pastores funanbulistas localizó en mitad de esta pared cortada a pico varios ejemplares de lagarto gigante de El Hierro
, una especie de saurio autóctona de la isla que llega a medir hasta 60
centímetros de longitud y que había sido dada por desaparecida décadas
atrás
. El hallazgo revolucionó la historia natural del
archipiélago y confirmó una vez más que, por fortuna, la tozudez de la
naturaleza es mucho más persistente que la capacidad destructiva del
hombre.


Muy cerca de allí, en el pago de Las Puntas, hubo durante muchos años un viejo almacén portuario casi en ruinas. En los años setenta Noemí Chinosi, una italiana enamorada de este fin del mundo, se instaló en él y lo rehabilitó como el “hotel más pequeño del mundo” , según recogía en una de sus ediciones el Libro Guinnes de los Récord.
En realidad no es el más pequeño, pero la operación de marketing fue un
éxito y hoy los conocen hasta en la China. Sus cuatro únicas
habitaciones son sencillas y sin pretensiones. Lo que hechiza del hotel Punta Grande
es su emplazamiento, aislado en medio de unos acantilados de basalto
negro -tan negro como una noche de pesadilla- sobre los que la gubia
incesante del océano golpea día y noche
, horadando la base hasta crear
un gruyere de piedra pulida por el que caracolean los rizos de espuma
del Atlántico. Sentarse una noche de cielo estrellado aquí, en los cantiles de Las Puntas, mientras el runrún del oleaje amansa el espíritu,
imaginado esa interminable masa de agua que se extiende sin obstáculo
ya entre nosotros y la costa americana, es una experiencia metafísica
que te reconcilia con el mundo.

http://lacomunidad.elpais.com/paco-nadal/posts


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